Volkswagen Tiguan 1.4 TSI Comfortline 2019: 7 apuntes

La versión intermedia de la Tiguan queda en el corazón del mercado SUV, pues por más o menos 500,000 pesos hay variedad de opciones, incluso con siete filas de asientos y abundantes en equipamiento.

1. Racional

Unas por otras: la Tiguan Comfortline no es la versión más atractiva visualmente, pero eso tampoco quiere decir que se olviden de los aspectos más importantes. Claro, no hay un quemacocos y la piel de los asientos no es real, pero compensan de largo seis bolsas de aire, control de estabilidad, anclajes ISOFIX, siete cinturones de tres puntos (en la variante de tres filas), detector de objetos en el punto ciego, sensor de presión de llantas y hasta un monitor de somnolencia para alertar a un conductor cansado. ¿Qué es lo único que desearíamos pero que sí encontramos en variantes más equipadas? Unos faros con todas las funciones LED en vez de los sencillos halógenos, que no es que alumbren mal pero pecan de básicos en un conjunto tan completo.

Motor 1.4 TSI Volkswagen Tiguan

2. Equilibrio

Una ventaja de los propulsores aspirados de rivales como una X-Trail o una Outlander es que su mantenimiento es menos complicado. La ausencia de turbo hace que el aceite no alcance tan altas temperaturas ni que se consuma parcialmente después de cierto kilometraje (porque sí, los motores turbo tienden a consumir aceite desde nuevos), pero a cambio, la lentitud a altitudes elevadas como la de la Ciudad de México está asegurada y un desempeño poco holgado en carretera hace que uno mire hacia una opción como la Tiguan, que con su pequeño 1.4 sobrealimentado (150 hp, 184 lb-pie) propone un equilibrio entre desempeño y eficiencia más que interesante, pues a ritmos normales 14 km/l en carretera son una posibilidad real y, al mismo tiempo, puede entregar una aceleración o recuperación muy superior a la del 2.5 de una X-Trail o al 2.4 de la Outlander y eso es muy importante, por ejemplo, en un adelantamiento delicado en una vía de dos carriles (ida y vuelta), todo cortesía de la entrega de más torque en un rango mayor de revoluciones.

3. Toque ágil

Aunque se muestra más blanda y conservadora que su muy europea predecesora, la actual Tiguan conserva cierto toque ágil en su manejo, pues en relación a rivales asiáticas, salvo la honrosa excepción de la Honda CR-V (que no la hay de siete asientos), se percibe más precisa en apartados como la dirección y la suspensión, además de unos frenos más contundentes capaces de detenciones desde 100 km/h por debajo de los 40 metros (si bien en un comparativo reciente que hicimos, el mal estado del asfalto arrojó un resultado mucho peor). Que vea su estabilidad favorecida no hace que se sacrifique en comodidad; la marcha es muy buena para viajes largos y lo único es que el eje delantero a veces podría caer de una forma seca en algunos desniveles del camino y eso le resta refinamiento.

4. Solución ya típica

Un punto crítico en muchos vehículos del grupo Volkswagen en la última década es la transmisión de doble embrague DSG, muy rápida en una conducción exigente en comparación a otras cajas automáticas (si bien técnicamente la DSG no es una automática en sí) pero de la que no se pueden negar sus delicadezas y un mantenimiento que puede ser muy costoso en el mediano plazo. En la Tiguan creemos que esto no es un punto para preocuparse (tanto) pues en lugar de usar la DSG de siete velocidades con embragues en seco, optaron, tal como en su prima la SEAT Tarraco, por la más robusta unidad de seis cambios con los embragues bañados en aceite que, además, creemos que funciona mejor en especial en ciudad, pues su arranque es menos lento (acopla el clutch más rápido en primera) y hace menos evidente el turbolag.

5. Ganancia

En Europa la Tiguan de primera generación tuvo un reemplazo directo, mientras la que nos venden ahora se mostró como una nueva variante larga para el Viejo Continente. En países como México o Estados Unidos, esa versión alargada es la única disponible y eventualmente será otro SUV con un nombre distinto (ver punto 7) el que tome el lugar de la pasada y muy compacta Tiguan europea. Esta decisión se tomó para conseguir un interior más práctico, con más espacio en la segunda fila que además mantiene la función reclinable y deslizable. De no usar la tercera fila, destinada a niños o para desplazamientos cortos, es difícil que los 700 litros de la cajuela se queden cortos. Con todos los asientos en uso, quedan 230 l.

6. Rival fuerte

Por segmento y refiriéndonos a SUVs de siete plazas comparables a la versión Comfortline con tercera fila, la Tiguan ($499,990) apunta directo a una X-Trail Advance 3-Row ($497,500) o a una Outlander SE Plus ($483,500), pero el mayor dolor de cabeza viene de la gama de arriba pues por 505,900 pesos Kia ofrece una Sorento EX 2.4 con una tercera hilera más amplia a costa de que este SUV es de mayores dimensiones, pero que también es más cómodo de suspensión, su interior está mejor acabado, es más silenciosa y está más equipada. El sacrificio es que se necesitará un garaje más grande y que no es rápida debido a que su motor 2.4 aspirado tiene que ir exigido más tiempo para desplazar tanto peso (lo que penaliza el consumo también).

7. Éxito local

Fueron casi 200,000 unidades de la Tiguan las que la planta de Volkswagen en Puebla armó durante 2018. Queda claro que la estrategia hacia los SUVs es el camino a seguir, lo que el mercado más demanda y una empresa no puede ignorarlo, a tal punto de que en poco tiempo nos despediremos del Golf en la línea de montaje y le daremos la bienvenida al SUV Tarek, que por tamaño es similar a la SEAT Ateca y será el intermedio entre la inminente T-Cross y esta Tiguan.

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