Primer contacto: SEAT Ibiza Beats y Arona Beats, con más de lo que parece

Ya sea por 307,500 pesos por un Ibiza o por 362,600 por un Arona, es posible adquirir la edición especial Beats que, contrario a lo que creíamos antes de conocerlos, van más allá de un sistema de audio con un emblema llamativo.

La integración de este nuevo sistema de sonido, que incluye de paso algunos elementos decorativos y de equipamiento que abordaremos más adelante, implicó un trabajo de ingeniería al punto de que SEAT consideró que valía la pena traer a la presentación a dos de sus ingenieros de desarrollo en ese rubro para explicar lo que tomó ponerle el audio Beats a estos dos modelos.

Además de la calidad de los componentes en sí, factores como la rigidez de las fijaciones de las bocinas se replantearon y también se tuvieron en cuenta variables más conocidas como la ubicación o la orientación, así como otras que no se mencionan tan seguido, como las áreas de bloqueo (por ejemplo, un asiento frente a una de las fuentes de sonido) o la transparencia de la superficie de las rejillas. Aunque lleva la firma de Beats, SEAT también se involucró profundamente en el diseño del sistema de audio, que en los dos modelos involucra un amplificador de 300 W, cuatro bocinas para bajas y medias frecuencias, dos tweeters para altas en los postes A y un subwoofer que ocupa diez litros en la cajuela para frecuencias ultra-bajas.

Justificando el costo extra sobre las versiones Style en las que se basan, también se agregaron otros elementos. Uno de los más llamativos por ser único en el segmento son los instrumentos configurables del todo digitales, que se complementan con unas molduras de tono metálico con acentos naranja en el tablero, vestiduras mixtas más elaboradas con costuras contrastantes y, para el Arona, también un cargador inalámbrico de celulares delante de la palanca de cambios. Algunos pormenores como una carcasa para la llave tampoco faltaron. Para distinguir a los Ibiza y Arona Beats, lo más fácil es echarle un ojo a las decoraciones en naranja sobre la carrocería, que se juntan a colores plata y gris específicos. Los rines además se dotaron con detalles en negro.

La dotación de seguridad de fábrica se conserva inalterada con seis bolsas de aire y control de estabilidad, mientras que para contener el precio se optó por el motor 1.6 aspirado de 110 caballos, ya sea con una caja manual de cinco cambios en el Ibiza o una Tiptronic de seis en el Arona.

Y siendo esto un primer contacto, optamos por una de nuestras listas de reproducción usuales para carretera para probar el sistema de audio, pues con canciones que ya hemos escuchado antes en otros autos, ya teníamos más de una referencia. Lo primero que es agradable para más de un melómano es la separación clara de cada instrumento: el bajo (lo primero que se suele suprimir en unos parlantes económicos) se oye con claridad así como algún solo de guitarra que no queda escondido, pero tampoco todo lo demás se opaca con la batería. Es posible que un bombo se sienta mucho a través de la ecualización (a muchas personas les gusta eso) pero en nuestro caso lo más conveniente fue dejar los ajustes de fábrica para no arruinar el equilibrio.

Y hablando del manejo de los autos en sí, nosotros siempre seremos partidarios de la mejor dinámica de un automóvil con respecto a su derivado SUV, lo que no es excepción en el Ibiza y el Arona, el primero con una marcha menos nerviosa, menor balanceo y sin tanta sensibilidad a los vientos de costado. Comparten, eso sí, un tacto de dirección preciso sobre todo para autopista y eso no suele ser tan frecuente en vehículos subcompactos, así que entre los de su tipo, los SEAT son de los más adecuados para carretera no solo por eso sino porque sus frenos vienen preparados para asumir mucha mayor potencia y torque. Otra ventaja en ambientes de vías más abiertas es que no son tan delicados a las transferencias de pesos y se conservan aplomados en curvas rápidas, lo que tampoco suele ocurrir en otros rivales del segmento B, ya sean hatchbacks, sedanes o crossovers.

Que sea el motor 1.6 el que se use, eso sí, limita más el uso a ciudad aunque en carretera no es que todo esté perdido, sino que simplemente hay que perderle miedo al acelerador y ser más paciente. En el Arona la tarea se facilita pasando la transmisión a la modalidad “Sport”, que aumenta el régimen en el que se hacen los cambios y reduce con más rapidez. En el Ibiza, por su parte, habrá que llevar el tacómetro hasta las 6,000 vueltas con frecuencia si enfrentamos alguna pendiente prolongada o si circulamos a altitudes por encima de los 2,000 metros sobre el nivel del mar, pero ritmos de 110-120 km/h no son complicados y los consumos tampoco se elevarán tanto como podría creerse, con registros trayéndolos muy exigidos de unos 12-13 kilómetros por litro. Centrándonos en el Ibiza 1.6 manual, una ventaja que pocos mencionan es que el arranque en pendientes del motor aspirado es mucho más fácil que en el 1.0 TSI, de nuevo otro guiño a que su entorno ideal es el urbano.

Es cierto que por este valor ya es posible optar por motores turbocargados en más de un producto de la competencia, pero al final es un asunto de prioridades y de ofertas complementarias. Aquí se le da más importancia al equipamiento y en otros al desempeño… es bueno que haya para elegir y en un mercado y segmentos tan diversos hay lugar para todos.

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