No, un auto turbo no siempre es la mejor solución

Los autos turbocargados están más de moda que nunca ahora que la eficiencia es un tema latente y necesario en la industria del automóvil. Muchos piden motores de inducción forzada incluso en los segmentos de entrada y nombran entre sus ventajas el desempeño y el bajo consumo. ¿Realmente son la solución para un comprador de a pie? Veamos algunos puntos.

Ahora que el segmento de los subcompactos se empezó a poblar de motores de tres cilindros turbocargados de no más de 1.2 litros cuya potencia es digna de un 1.6 común y corriente y su torque está a la altura de un 2.0 aspirado, es cuando muchos quisieron convivir más seguido con estos autos para darse cuenta que es mejor probar algo y no creerle solo a la ficha técnica.

Falta de torque en bajas

Sí, en carretera, ya con impulso, son geniales sobre todo por ser mucho más ágiles a medio régimen, lo que en la práctica se traduce que no hay que subir siempre hasta 6,000+ rpm (recordemos que estamos hablando de motores a gasolina) para ganar toda la velocidad deseada, pero en ciudad estos minúsculos propulsores en más de una ocasión pueden caer a un punto en el que el turbo no está actuando y, al depender enteramente de este componente para mover con mínima soltura al conjunto, el resultado es poca elasticidad en segunda al retomar la marcha desde un tope o al doblar esquinas (obligando a bajar a primera) o un arranque en pendiente complicado con respecto a un motor de aspiración natural.

A esto influye, hablando de vehículos manuales, el agravante de que para declarar un menor consumo a ritmos constantes, en más de un caso las relaciones de caja son muy planas/largas, así que la primera no “multiplica” lo suficiente el par del motor. ¿Les ha pasado que llegan en el cambio de alta velocidad en la bicicleta y les empieza a costar seguir en una subida prolongada? En esencia es eso.

El embrague sufre más

El torque es el motivo para que el embrague pueda sufrir más en un auto manual con turbo y es una consecuencia del punto anterior, pues si por ejemplo en una pendiente no arranca con la holgura que se necesitaba, será necesario empezar a jugar con el punto de contacto o acelerar más antes de sacar el pedal, acciones que a mediano o largo plazo podrían reflejarse en un mayor desgaste si no se hace con el suficiente cuidado.

Respuesta poco pareja

Esto depende mucho también de cada conductor y de su estilo de manejo, pero en un motor aspirado la entrega de potencia suele ser mucho más gradual que en uno de pequeño tamaño con turbo, en el que el famoso “lag” suele ser más evidente y la diferencia al acelerar entre el lapso en que no hay respuesta y entre el momento en que hay más energía, es más evidente (se da un salto) y difícil de dosificar. Esto se mitiga entre más sofisticado el turbo (uno de doble entrada o de álabes móviles), si hay más de uno, si un supercargador complementa en bajas revoluciones mientras los gases cargan la turbina o entre más grande el motor.

No siempre serán tan rendidores

Si el coche rodará la mayoría del tiempo en ciudad, la diferencia entre dos propulsores comparables, sean o no turbocargados, no será dramática. Los constantes ciclos de arrancar y parar y los periodos extendidos en ralentí son muy difíciles de contrarrestar sea cual sea la tecnología. Y si por el contrario se maneja con mucha exigencia a altas revoluciones frecuentemente, el consumo tampoco se verá beneficiado porque se necesita la misma cantidad de energía para obtener cierta potencia. Una mayor eficiencia podría darse a velocidad constante en autopista o en avenidas despejadas, pero en el tipo de coches en los que se suelen utilizar estos de motores, es claro que la ciudad es su ambiente principal y ahí toma algo más de sentido el sistema start/stop.

Costo, consumo y cambios de aceite

Aunque los periodos de servicio cada vez tienden a ser más prolongados, un coche turbocargado, al manejar mayores temperaturas, tiende a degradar más el aceite, que por ese mismo motivo tiene que ser de mayor calidad (es decir, por lo general más costoso) y, además, es normal que entre cada mantenimiento se consuma cierta cantidad del lubricante y de repente incluso toque reponerlo, mientras en un buen motor aspirado (nuevo) estos cuidados se reducen al mínimo y son más resistentes a aquellos propietarios negligentes.

Muchos de estos datos los hemos obtenido no solo de amigos especialistas con talleres o de propietarios, sino de información empírica que se ha ido acumulando año tras año con cientos de autos distintos probados, así que la próxima vez que se vean en el dilema de comprar o no un coche con un motor turbo pequeño, no le echen tanta tierra a su alternativa sin éste mágico elemento que tantos queremos. Y no olvidemos que los motores supercargados son una historia aparte que daría para otro pequeño texto.

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