La nueva crossover de Toyota compartirá piezas con la de Mazda, pero no serán idénticas

Toyota anunció en días pasados que usaría su fábrica en Alabama, compartida con Mazda, para producir una nueva crossover.

Los detalles de los nuevos crossovers de Mazda y Toyota están empezando surgir, luego de que ambas marcas mantuvieran los detalles de sus productos muy bien guardados. Desde que se anunció la colaboración hace casi dos años, sabíamos que Mazda destinaría su parte de la producción a una crossover, mientras que Toyota barajó la posibilidad de fabricar ahí al Corolla 2020 y solo hasta la semana pasada anunció que también haría un SUV.

De acuerdo con fuentes internas, ambos productos compartirán una serie de proveedores y componentes, aunque serán productos únicos.

Mazda comentó a Car & Driver que serán desarrollados de forma independiente. Eso contrasta con lo que sucede con el Toyota Yaris R y el Mazda2, porque ese desarrollo sí corrió a cargo de Mazda, se produjo en una planta de Mazda y los autos son idénticos, salvo algunos emblemas y detalles menores en el exterior.

Un crossover compacto para Toyota, y el regreso de la CX-7 para Mazda

De los productos como tal no se sabe mucho todavía, pero hay algunas teorías. El nueva crossover de Toyota podría ser una versión aterrizada del FT-4X Concept presentado en el 2017, del que en su momento se dijo que estaba listo para producción en un 75% y se montaba sobre la arquitectura TNGA.

De ser así, tendríamos un nuevo SUV subcompacto, con un aspecto más convencional que el de la Toyota C-HR para atraer a más compradores. Sin embargo, no lo sustituiría, sino que lo complementaría en un nicho de menor precio y con la posibilidad de incorporar tracción integral, algo que limita a la C-HR actualmente.

Esta estrategia para el nueva crossover de Toyota es parecida a la que ha seguido Nissan con la Juke y la Kicks, por ejemplo, y mientras que la C-HR viene de Turquía, la producción en Norteamérica de este producto le permitiría tener una mayor flexibilidad para ofrecerla en esta parte del mundo.

Mientras tanto, la versión de Mazda sería distinta, con un remplazo para la CX-7 que se vendió en la década pasada, pero con una arquitectura y propulsores de Mazda. Un modelo de estas características le permitiría competir en el creciente segmento de los crossovers medianos, frente a la Hyundai Santa Fe, Ford Edge o Chevrolet Blazer.

Mazda CX-8, para mercados asiáticos

Dada la nueva nomenclatura con sus crossovers, parece poco probable que se llame CX-7, ya que con la CX-30 imponiendo un nuevo esquema de doble dígito, lo más probable es que terminara siendo una CX-60 o CX-70, por ejemplo.

La producción arranca en el 2021 y tendrá una capacidad de 300 mil unidades por año para ambas, lo que quiere decir que cada una tendrá hasta 150 mil unidades al el primer año con la posibilidad de ampliarla si fuera necesario.

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