Ferdinand Piëch, leyenda del mundo del automóvil, fallece a los 82 años

Ferdinand Piëch fue el responsable del Porsche 917, del sistema quattro de Audi y del proyecto del Bugatti Veyron, entre otros logros.

Sobrino de Ferry Porsche y nieto de Ferdinand Porsche, ingeniero y hombre de negocios, Ferdinand Piëch se convirtió en un símbolo y líder de la industria automotriz alemana incluso antes de volverse uno de los ejecutivos más poderosos en su ramo.

Según reportes, ayer 25 de agosto colapsó al salir de un restaurante en Rosenheim (Baviera, Alemania) y falleció posteriormente en un hospital. Tenia 82 años.

Nacido el 17 de abril de 1937 en Viena, Austria, Piëch se educó en Suiza con estudios de ingeniería. Justo en 1963 entró con su tío a trabajar en Porsche, en el mismo año que naciera nada más y nada menos que su modelo 911 y en donde se haría cargo de todo el ámbito técnico.

En la marca especializada en deportivos empezaría una fructífera trayectoria en la que, eventualmente, impulsaría la construcción de uno de los automóviles de carreras más exitosos de la historia: el Porsche 917.

Comenzando la década de los 70, entró a Volkswagen y más específicamente a Audi. En Audi crearía el sello y definición de la identidad del fabricante teutón al concebirse el sistema quattro de tracción integral permanente.

En 1993 fue nombrado CEO de Volkswagen, en donde se hizo famosa su obsesión por la calidad a través de exigencias de atención al detalle que ahora son típicamente asociadas a los vehículos alemanes, entre ellas la precisión del armado por medio de uniones entre láminas mínimas y homogéneas o el mayor refinamiento en materiales de cabina, insonorización o aislamiento de vibraciones.

De una Volkswagen en problemas hace casi 30 años, consiguió la rentabilidad y estabilidad financiera de una compañía que llevó a otro nivel marcas como Skoda y SEAT o adquirió Lamborghini al empezar el Siglo XXI. Su influencia se perpetuó incluso en errores como el costoso sedán Phaeton (2003), familiar de plataforma del Audi A8 D3 y del primer Continental GT de la recién comprada Bentley, que en ese entonces venía en el mismo paquete de Rolls-Royce antes de que ésta última terminara en manos de BMW.

Volkswagen Phaeton

Las ventas del Phaeton no se posicionaron y nunca se compensó la enorme inversión en su desarrollo, que incluía una fábrica de fachada de cristal en Dresde, la oferta de motores de hasta doce cilindros o requerimientos avanzados aún para los estándares actuales, pues uno de los criterios impuestos por Piëch a los ingenieros para aprobar el Phaeton era el de poder rodar a 300 km/h mientras el aire acondicionado pudiera mantener su capacidad de enfriamiento con una temperatura exterior hipotética de 50 grados. Y eso solo era uno de los múltiples detalles curiosos de dicho Volkswagen.

Por la misma época del Phaeton también se gestó el Audi A2, un subcompacto hecho en aluminio que no se apreció lo suficiente, sobre todo por su alto precio.

El enfoque de Ferdinand Piëch hacia productos muy elaborados también causó la existencia del SUV Touareg (primo del Porsche Cayenne y la Audi Q7) y del muy polémico Bugatti Veyron, que con 1,000 caballos y una velocidad tope arriba de los 400 km/h, era el estandarte de la capacidad técnica del Grupo Volkswagen al revivir el histórico nombre franco-italiano, pero implicó lo que muchos consideran un despilfarro de recursos por más que dicho automóvil redefiniera, bajo el liderazgo de Piëch, los alcances de un vehículo de calle.

El momento cúlmen del ejecutivo alemán podría decirse que llegó cuando en 2012 consiguió que el grupo Volkswagen absorbiera Porsche, pues si bien ambas marcas siempre tuvieron una estrecha relación histórica desde la raíz y no pocas alianzas (Porsche 924, el primer Cayenne…), en este caso la unión ya sería oficial y estarían bajo la misma sombrilla, suceso que iba a ocurrir al contrario en 2008 cuando Porsche trató de absorber a Volkswagen en una fallida operación hecha por el primo de Piëch, Wolfgang Porsche, y el CEO que tenía en ese entonces, Wendelin Wiedeking.

En 2015, Ferdinand Piëch, siendo uno de los mayores accionistas del Grupo Volkswagen, se retiraría temporalmente de la luz pública tras el escándalo del Dieselgate, pues él fue una de las personas que acusó a ejecutivos clave por su conocimiento previo de la trampa de emisiones antes de que se hiciera pública.

Ferdinand Piëch, quien tuvo tres esposas durante su vida, deja 12 hijos y un enorme legado en la industria del automóvil global.

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