El adiós a un ícono de Volkswagen con el Beetle Final Edition

Podría verse como una edición especial más, pero en realidad es la emotiva despedida de un auto que se va justo cuando Volkswagen cumple 65 años en México.

Son 565 unidades, cada una por 410,065 pesos (inicialmente se dijo que 396,565) y que se reconocen por no pocos detalles visuales y de equipamiento. Colores específicos entre los que destacan el azul Stonewash o el Reedbeige, el emblema Wolfsburg Edition en las aletas delanteras, los letreros “Beetle” atrás y en la parte baja del volante, los rines tipo “Disc” con detalles en blanco y un estilo innegablemente retro o las vestiduras en tela que mezclan el comentado beige (también presente en las molduras del tablero) con negro.

Hay que enfocarse en el hecho de que es una edición limitada que despide del todo a un auto que homenajeaba a un ícono de México y el mundo, pues por el precio, si lo miramos de una forma racional, más de uno podría encontrar faltantes, como unas luces automáticas o un climatizador, si bien los excelentes faros LED, el quemacocos de grandes dimensiones o el apoyo lumbar para conductor y pasajero contrarrestan esa impresión austera.

¿De qué nos estamos despidiendo entonces? De un auto que en su anterior generación, aparecida en 1998, comenzaba con una moda de revivir viejas glorias que al sol de hoy perduran, por ejemplo, en el Fiat 500. En términos mecánicos, es fácil describir al Beetle que se va como un Jetta de sexta generación con una carrocería intermedia entre hatchback y coupé que a nadie dejaba indiferente. Mucho estilo (guste o no) sobre una propuesta mecánica convencional, pues el Final Edition opta por el 2.5 de cinco cilindros de 170 caballos que se une a una caja automática Tiptronic de seis cambios.

Dicho 2.5, con buen torque tratándose de un aspirado, es justo una de esas curiosidades porque así haya cientos de miles de esos motores rodando en México desde que se lanzara el Bora hace casi década y media, es una configuración atípica a estándares actuales, con un lindo y ronco sonido que no necesariamente se veía reflejado en un desempeño por encima del promedio. Es más, los modales del Beetle, aunque buenos, no eran nada para resaltar, con unos frenos tirando a largos en su recorrido del pedal, buen aplomo y control en autopista ayudado por una dirección poco asistida y una suspensión bien ajustada (algo que por lo general le sale bien a VW) y gran refinamiento general.

La prioridad aquí era la parte visual aún cuando en este “The Beetle”, que reemplazó al New Beetle, se dio un trato más inteligente a los espacios y el equilibrio entre forma y función se trabajó mucho mejor. Los hubo también con motores turbocargados, pero el que quería realmente un hot hatch igual terminaría en un Golf GTI. El Beetle en su iteración moderna era un capricho en el que no había que justificar su compra, no era el auto familiar, taxi, furgón de trabajo o todas las anteriores juntas… papel que sí desempeñó el Vocho original. No, se trataba de una suerte de gusto accesible lleno de detalles nostálgicos que no se limitaban a la misma carrocería: los instrumentos simplificados, la forma del tablero, las agarraderas del techo, los portamapas… en nombre de un mercado que pierde un poco su apasionamiento, Volkswagen se queda sin un coche irreverente, de esos que existieron por el puro gusto de que así fuera.

Las tendencias nos indican que un SUV en algún formato nuevo tomará su lugar en la línea de montaje de la robusta planta poblana, un eventual éxito en ventas que pesa mucho más que la sonrisa espontánea de un autito retro que se estaba convirtiendo en un anacronismo.

Dicen que revivirá como un eléctrico, pero la misma VW lo descarta oficialmente… de momento, porque si se trata de mantener la esperanza, la plataforma MEB da perfectamente para un proyecto así.

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