Cadillac XT4 2019 vs Land Rover Range Rover Evoque 2020

Con un tamaño que no está del todo estandarizado, a diferencia de lo que ocurre en otros segmentos que llevan más años, los SUVs compactos están redefiniendo el escalón de acceso entre los vehículos de lujo, al punto de que se convirtieron en el mayor dolor de cabeza de los tradicionales sedanes porque, sea como sea, ahora muchos quieren verse en una camioneta.

Con la Evoque Land Rover demostró que no podía ignorar la mina de oro en la que se estaba convirtiendo ese naciente nicho y uno de los más recientes jugadores es la veterana Cadillac, que por fin está priorizando productos rentables tras su reciente gama de sedanes de filosofía europea.

Y aunque son de la misma categoría, equipan motores de dos litros con turbo y sus cajas automáticas son de nueve velocidades, hasta ahí llegan las similitudes entre la XT4 y la Evoque.

Lo primero es que la Cadillac se encuentra por 746,500 pesos en una sola versión de 235 caballos con tracción delantera y con equipamiento fijo, la Evoque en cambio empieza en unos no tan lejanos 768,400, pero con 200 hp que se compensan con el hecho de que todas son de tracción integral. Además, la lista de equipamiento es del todo personalizable entre elementos decorativos externos e internos o la dotación de seguridad y comodidad.

Para la P250 First Edition que se nos prestó, ya con unos 249 caballos acordes a lo que da la Cadillac y casi todo el catálogo de opciones a bordo, hay que estirarse hasta más allá de los 1.2 millones de pesos, así que este análisis se centrará en los apartados dinámicos e interiores que aplican para toda la gama Evoque y se pueden comparar directamente a la XT4, pues los opcionales en todas las marcas premium suelen distorsionar mucho el costo al depender del capricho de cada cliente.

Dos mundos separados

Pareciera que en todo lo analizable la XT4 complementara a la Evoque o viceversa, porque una pone cuidado en algo que la otra ignora.

La Cadillac no tiene un interior de resaltar si nos centramos en las sensaciones: el tablero y las puertas se recubren en una imitación piel que al menos parece resistente, pero el conjunto entre molduras, botones, palancas o terminaciones plásticas queda lejos del trabajo de diseño en una Evoque plena en superficies vistosas y agradables al tacto en donde hasta el mismo olor delata que vamos a bordo de algo más especial, eso sin contar alfombrados o remates de techo de más grosor o la linda iluminación ambiental.

También gana la Land Rover en su postura de manejo, con asientos más anatómicos y amables con el paso de las horas, un ajuste de alcance más amplio en el volante y unos pedales más profundos, pues una queja en la Cadillac es que el freno quedaba muy salido y había que doblar mucho la pierna para utilizarlo. Y consecuente a lo que es un SUV, la visibilidad de la Evoque es superior entre que se va sentado más alto, por los excelentes retrovisores o porque es más fácil adivinar las esquinas de la carrocería.

¿Cómo se reivindica la Cadillac? En lo práctica. Los nueve centímetros extra en su distancia entre ejes hacen que sea muchísimo más espaciosa en el asiento trasero, que si acaso se limita a lo alto por la presencia de un techo panorámico que además sí se abre y no es una pieza fija como en la Land Rover, pero el respaldo va más cómodo y las piernas mucho más holgadas contra una Evoque que peca de estrecha porque, no nos mintamos, es un vehículo más individualista, no familiar.

La Cadillac también sale adelante en lo fácil que es usar su sistema de información y entretenimiento y sus mandos en general, en parte porque no llega a la sofisticación de la doble pantalla táctil de la Evoque que además suma unos instrumentos digitales configurables y un Head-Up Display.

Tanta modernidad en la inglesa a veces es contraproducente porque acciones tan simples como poner la recirculación en el climatizador distraen más de la cuenta, pues en vez de buscar un botón que siempre está ahí, hay que entrar a un menú, buscar un pequeño gráfico, presionarlo y confirmar que sí funcionó, porque la pantalla no vibra para dejarnos saber que obedeció a lo que le ordenamos. La XT4 se va a lo conocido y no cuesta nada acostumbrarse a su limpio tablero.

Pensando distinto

Los grandes contrastes que ya de por sí vimos en las cabinas no cesan en cómo se maneja cada una. La Cadillac queda muy bien parada con un motor de nuevo desarrollo que se refleja en un turbo con poco retraso al actuar y además se ayuda por una caja de relaciones muy cerradas que no dejan caer en exceso las revoluciones, así que rara vez nos quedaremos sin la respuesta y fluidez necesaria para una incorporación repentina o un adelantamiento en poco espacio… aunque claro, que a nadie sorprenda lo fácil que es hacer patinar las llantas de adelante.

La Evoque, en cambio, se va hacia el polo opuesto pues así el propulsor Ingenium sea de reciente aparición, carece de esa inmediatez de su rival por varios motivos.

Para empezar, su puesta a punto es más de la vieja escuela, con mucho más turbo-lag y reacciones más abruptas, la segunda razón es que hay más de 200 kilos de diferencia entre el agregado de la beneficiosa tracción integral adaptable a distintas superficies o la mayor cantidad de aislantes y equipamiento, el tercer motivo es que la transmisión, así tenga el mismo número de cambios, está calculada para terrenos más planos y quiere ir a una cantidad menor de revoluciones, factor que se agrava porque esta caja automática no es igual de rápida al reducir las marchas necesarias ni tampoco es igual de inteligente al seleccionarlas, pues a veces puede quedar en una muy corta reteniendo de más o en una muy larga en la que falta fuerza.

Otro aspecto sin tanto refinamiento en la Land Rover es el apagado y encendido automático en paradas temporales como un semáforo, más lento en cómo opera y no tan sutil al prender otra vez el motor.

Todo esto en la práctica nos arroja un 0 a 100 km/h de 8.9 segundos reales a la altura de la Ciudad de México para la XT4, número que se eleva a los 10.6 en la Evoque, que se reivindica con una frenada de 100 a 0 km/h en apenas 37.5 metros ante unos también muy respetables 38.4 en su par americana, que así tenga un pedal que se alargue menos en su recorrido al detenernos con fuerza, no se beneficia de unas llantas tan buenas.

Sus diferencias también trascienden al chasis: la ligereza de la Cadillac sale a relucir desde el primer apoyo en una curva, porque así balancee, no tiene esas inercias más marcadas de la más pesada Evoque, que rueda menos nerviosa y brincona aunque tarda más en recuperar la compostura si, por ejemplo, pisamos un desnivel a alta velocidad.

La Land Rover solo se mostrará más tosca si las llantas de bajo perfil sobre el rin opcional de 21 pulgadas reciben un impacto seco en un hoyo muy grande; de todas maneras, esa impresión no aplica si hablamos de una Evoque más accesible con ruedas más pequeñas.

Las dos son muy estables y dan mucha confianza pero esa dualidad en la Land Rover, que la faculta mejor para todoterreno, también le resta algo de precisión pues la suspensión se percibe más dura y robusta al comienzo del recorrido, termina por ceder más al límite. Además, la dirección no es tan gradual conforme se gira el volante, mientras la XT4 dobla con más naturalidad.

Unas por otras, dos distintos objetivos y una decisión que si no va en función del presupuesto, se dará por un tema de gustos o necesidades entre el enfoque de una buena mecánica y una carrocería práctica en la Cadillac XT4 2019 contra el diseño encantador, el lujo más auténtico y la capacidad fuera de asfalto de la Land Rover Range Rover Evoque.

Ficha técnica:

Precios a la fecha (septiembre de 2019):

Cadillac XT4 2.0T FWD: $746,500

Land Rover Range Rover Evoque P250 AWD: Desde $923,900


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