Análisis: 7 apuntes del BMW i8 Roadster

El BMW i8 está con nosotros desde hace casi media década, así que además de alguna sutil actualización o nuevos colores, ahora también hay un convertible que lo vuelve a poner en el radar.

1. No se pierden sus geniales puertas

El perder el techo fijo no afecta una de las características que hacen al i8 un coche que roza lo exótico. Nos referimos a sus puertas de apertura vertical y, si se quiere llamarlo así, de tipo mariposa, que además de contribuir a todo un espectáculo a donde se llegue, funcionalmente terminan siendo una mejor solución pues la estructura de fibra de carbono y aluminio obliga a un estribo muy ancho que con unas puertas convencionales complicaría aún más el acceso o el descenso. El techo de lona tarda 15 segundos en aparecer o desaparecer y, de esconderse, un cristal surge de atrás para redirigir las corrientes de aire. No olvidemos que el i8 Coupé es un 2+2 y este Roadster, un biplaza.

2. Sigue pareciendo del futuro

Quien escribe estos renglones no suele comentar sobre el diseño de un auto, pues descripciones de líneas, proporciones, nervaduras, trazos y demás adornos son una especialidad que se sale de nuestros análisis, pero a veces hay que hacer excepciones y creeríamos que nadie puede negar que si el i8 se lanzara mañana mismo, aún se vería futurista y seguiría siéndolo dentro de varios años. Las ventajas de llevar a la producción un concepto sin mayores alteraciones.

3. Solamente por dentro se notan sus años

La luz ambiental, el tablero limpio, con mandos reducidos al mínimo y de formas muy fluidas ayuda a que la cabina también aguante bien los cambios de tendencia en la industria del automóvil, pero siendo el i8 un coche que manejamos por primera vez en 2014 es evidente en que algunas soluciones ya no son tan vanguardistas como en productos más recientes de la casa de Baviera, ya sea el nuevo Serie 5 o el recientemente actualizado Serie 7. Nos referimos a la evolución del sistema i-Drive o a detalles tan sencillos como la palanca de los intermitentes, que en los BMW más nuevos se volvió más convencional y ya no vuelve al mismo lugar al activarla. Tampoco hay algunos elementos que consideramos innecesarios, como el detector de gestos. Los instrumentos digitales, eso sí, nos gustan más en su propuesta gráfica que lo que hemos visto en los recientes Serie 8 o Z4.

4. Aún a la vanguardia

El motor eléctrico a cargo del eje delantero es ahora más potente, la batería más capaz y sigue siendo un tres cilindros de 1.5 litros el que se encarga de las llantas traseras y del que exprimen 231 caballos y 236 libras-pie. El conjunto en total da 374 caballos suficientes para que la aceleración de 0 a 100 km/h sea de 4.6 segundos, pero por su pila de 11.6 kWh (en realidad son menos los que se usan), puede cubrir más de 50 kilómetros sólo en modalidad eléctrica. Es una mezcla atípica entre bajas emisiones y desempeño por la que homologa casi 50 km/l. La transmisión a cargo del motor de gasolina es una automática de seis velocidades, la del eléctrico, otra de dos.

5. Emociones encontradas

Sin duda alguna, algo tiene que sentirse al manejar un i8 y lo primero que salta a la vista es la ligereza que se percibe al cambiar de dirección y la precisión esperada de la dirección o hasta de los frenos si pensamos en que los híbridos no suelen tener el mejor tacto al modular una detención delicada. Lo segundo es el sonido, que va del total silencio a una tonada ronca del tres cilindros que, no nos mintamos, no es lo que muchos esperarán de algo que se ve tan espectacular ni de este precio. Ese componente emocional se pierde pero al menos la aceleración, sin ser destacable, alcanza a transmitir esa contundencia obligatoria en algo con cierta pretensión deportiva. Un tema complejo son las llantas: de un ancho mínimo teniendo en cuenta el diámetro (20 pulgadas, 195 mm adelante y 215 mm atrás) y que comprometen un poco la adherencia a favor de la baja resistencia a la rodadura, a lo que se suma que el actuar de los dos motores sobre cada eje y trabajando al unísono pide cierta costumbre cuando se le exige al i8 Roadster en curvas. Algún crujido extra del convertible, proveniente del marco del parabrisas, se filtra con respecto al Coupé, pero nada grave.

6. Difícil elegir

Por 3.2 millones de pesos uno puede hacer casi lo que quiera para cumplir con un sueño sobre ruedas, desde un Corvette ZR1 de 755 caballos con el que sobraría dinero hasta un Porsche 911 Turbo S con algunas opciones, pasando por un Mercedes-AMG GT… todos más rápidos y más efectivos dinámicamente que el i8, pero claro, ninguno puede circular en modo completamente eléctrico ni goza de los enormes beneficios de un coche como este en temas impositivos. ¿Pero acaso el que busca alguno de los mencionados contempla un i8? Cumplen prioridades muy distintas porque si nos centramos al tema de la velocidad, con un Porsche 911 Carrera S bastaría para dejar al BMW atrás y, de paso, gastar un millón menos.

7. No es un deportivo puro

Es inevitable pensar lo interesante que sería que el i8 fuera un “M” y no un “i”, que los principios de bajo peso y eficiencia en su estructura prescindieran el sistema de propulsión híbrido y en su lugar pusieran el seis en línea del los M3/M4 o el V8 del M5. ¿Ante qué clase de monstruo con motor central estaríamos? ¿Sería viable? Al final quedamos con un descapotable único en el mercado por su combinación de eficiencia, desempeño, aspecto y porque puede ser, al menos parcialmente, un vehículo eléctrico.

N. de E.: Este vehículo lo pudimos manejar en Los Ángeles, California, antes de su llegada a México gracias a la organización World Car Awards, de la que forma parte un miembro de esta redacción (MF).

Fotos en movimiento: Yasuhiko Sato

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