Análisis Especial: 50 años del mítico motor rotativo de Mazda

Aunque la empresa japonesa no inventó esta configuración mecánica, fue la primera que vio la posibilidad de incorporar un impulsor rotativo en sus vehículos de producción en serie. Los entusiastas recordamos y extrañamos a aquel impresionante motor, y hoy, se cumple 50 años de su aparición primera.

En mayo de 1967 se presentó el primer Mazda con motor rotativo, un coupé biplaza de corte deportivo que fue nombrado Cosmo Sport en su mercado natal y fuera de Japón, fue conocido como Mazda 110S. Este pequeño y alegre deportivo también se caracterizaba por tener un peso sumamente contenido que le otorgaba una conducción verdaderamente divertida.

El primer motor rotativo de Mazda estaba compuesto por dos rotores de 491 centímetros cúbicos, lograba erogar 110 HP y podía alcanzar una velocidad máxima superior a los 185 km/h. Sin duda alguna, los directivos de Mazda fueron pioneros en incorporar esta mecánica a sus coches de producción y adoptar el desarrollo que el maestro Felix Wankel consiguió desarrollar junto con NSU.

Años dorados

El motor fue incorporado en otros coches de producción de Mazda, pero no fue hasta 1978 cuando el impulsor verdaderamente salió a la luz, bajo el cofre del RX-7. El Savanna RX-7, como también fue conocido el deportivo en mercados asiáticos, en su primera generación se fabricó de 1978 a 1985. Su construcción era exótica en todos los apartados y su diseño, también llamaba mucha atención, sobre todo en el mercado norteamericano, donde fue uno de los iconos deportivos de la época.

En sus inicios, el motor del RX-7 ofrecía 130 HP, pero después, llegó una variante turboalimentada que rendía unos nada despreciables 165 HP. La segunda generación del RX-7, de 1985 a 1992, ofrecía un motor rotativo de 205 HP, mientras que la tercera y más importante iteración, ofreció un motor con doble turbo de 280 HP, que se acoplaba a una transmisión secuencial.

El motor rotativo de la tercera generación fue el que se tomó como base en 1991 para el mítico Mazda 787B, con el que la automotriz de Hiroshima ganó las 24 Horas de Le Mans. La diferencia del motor del RX-7 de calle y del 787B de competición era que en el coche de carreras se integraban cuatro rotores.

Después de esto, el RX-8, sucesor directo del RX-7, montó el último motor rotativo en la historia de Mazda. Aún no es un hecho, pero conocemos que los motores Wankel podrían reaparecer en los coches de la marca asiática. No hay confirmaciones, pero se han hablado de diferentes soluciones para este tipo de mecánicas, que si bien perdieron la batalla con el tiempo y la eficiencia, entregaban los mejores sonidos al momento de pisar el acelerador a fondo.

Funcionamiento y características

En términos base este motor hace uso de los cuatro tiempos de los motores convencionales de combustión interna, pero tiene una interacción diferente con el ciclo de admisión y escape. En este motor no existen cilindros y tampoco válvulas, por lo que los pistones que generan fuerza para mover las ruedas, se cambian por rotores. Un par de rotores equivalen a seis pistones.

El ciclo de admisión, compresión, fuerza y escape hace sus mismas funciones, pero en esta configuración el rotor, de la mano del cigüeñal, logra dividir el interior en tres secciones y al mismo tiempo, llevar a cabo los procesos de combustión.

Esta construcción hacía más ligero y compacto el motor final. También lograba mayor fiabilidad ya que el número de piezas internas era menor. Asimismo, se conseguían menos vibraciones y los vehículos lograban disfrutar de mayores revoluciones por minuto.