A Prueba: Peugeot 308 GT 2019, con su propia visión

El nicho de los hatchbacks compactos con aires deportivos ya no es tan grande en México en comparación a lo que era hace unos años. Aún así, Peugeot todavía cree en este tipo de automóviles y para 2019 hizo importantes ajustes para que su 308 GT fuera atractivo a una mayor base de posibles compradores.

Así no lo parezca (al menos para nosotros), el vigente 308 ya cumple cinco años en el mercado global y aunque las ventas no se lo reconozcan, es una de las alternativas más interesantes de su segmento no solo por su propuesta visual sino por una cabina llena de ideas y excelentemente acabada, una oferta mecánica moderna y un planteamiento dinámico que le hace honor a la experiencia del fabricante francés construyendo autos ágiles y estables, algo que tal vez no pudo darse en esa época oscura que vivió PSA más o menos entre 2000 y 2010, pero sí era su marca registrada en los ochenta y los noventa.

El GT se renueva en México con un aumento de potencia que deja su conocidísimo 1.6 turbo regulado a 225 caballos, mientras la transmisión manual se reemplaza por una automática de ocho velocidades proveída por la japonesa Aisin, motivo por el cual por fin ya no palidecen al momento de vender una caja de este tipo.

Por precio, este 308 queda a medio camino entre un Forte HB GT y un Volkswagen Golf GTI y al ser un rival para ambos, también toma soluciones de éstos: con el Golf se acerca por potencia pero el tamaño del motor es más bien similar al Forte. Contra los otros dos opta por una caja de convertidor de torque y no por una de doble embrague y justo ese es su enorme diferenciador. Claro, solo el Forte se ofrece también con opción manual y es el único que baja de los 450,000 pesos a la fecha. Ya si hablamos de un desempeño superior pero un precio parecido, otros se irán por un SEAT León Cupra, primo del Golf. Otro apunte: de los tres el Peugeot es el único con un eje torsional atrás.

Todavía único

Uno de los rasgos más característicos e interesantes del 308 y otros Peugeot modernos es el interior: desde los sonidos de cada alerta hasta la disposición de elementos como los pedales, los instrumentos o hasta las mismas texturas de cada material.

Aún en 2014 Peugeot se anticipaba a la simplificación máxima pues gran parte de las funciones, con la excepción de la perilla del volumen de la radio, los seguros, los intermitentes, la recirculación o la activación de los desempañantes, se centralizaron en una pantalla táctil en general fácil de entender.

Los instrumentos en un plano distinto al un volante más pequeño que el promedio son otra curiosidad junto al tacómetro invertido, que recuerda al desaparecido Aston Martin DB9. Todo es distinto por el simple hecho de serlo y no siempre con un objetivo funcional, pero una vez acostumbrados, uno extrañará esta experiencia Peugeot al regresar a un vehículo convencional, sobre todo esa rara postura de manejo con unos pedales salidos en la que conviene usar todo el ajuste en profundidad de la columna, pero que nos deja perfectamente ubicados con respecto a unos retrovisores externos de visibilidad ejemplar. Es buena la presencia de apoyo lumbar adelante y que los respaldos se ajusten con una perilla y no con una palanca, lo que da pie a un acomodo más preciso para los más quisquillosos. Los cojines, además, dan una gran mezcla entre blando y firme para aguantar largos trayectos.

Atrás la vida es menos amena así el vidrio panorámico fijo abarque una buena proporción del techo y pese al apoya-brazos, pues los pies no se pueden meter del todo bajo los asientos delanteros y eso obliga a doblar demasiado las piernas, factor que en la práctica desaprovecha valiosos centímetros habitables.

Lo que sí saca la cara es el uso de plásticos de gran tacto en las zonas más visibles y que se extienden a las puertas de atrás, vestiduras mixtas de excelente calidad y la presencia de acentos contrastantes rojos que enriquecen el ambiente sin pecar de ostentosos. Tan buen conjunto no se deja opacar por quejas menores, como algún borde no tan bien conseguido en las bolsas laterales o en los contornos alrededor del comentado techo de cristal. Y como en buen Peugeot, no esperen almacenamientos muy grandes en la consola central, pero eso se compensa en gran parte con la gigantesca guantera. También nos habría gustado un remate menos delicado que el tan de moda negro piano entre los asientos, pues es muy fácil de rayar.

Algún ahorro nos llamó la atención por el precio, como un sistema de cámaras de 360 grados que no proyecta las imágenes en tiempo real sino que la memoriza y la almacena conforme nos movamos para mostrar el ambiente alrededor del coche o un termómetro exterior que indica más de lo real si se estaciona a la luz del sol por mucho tiempo. Lo otro es que sus luces LED, de gran alumbrado, carecen de seguimiento en curva. Y por último, lo único que delata la edad del 308 es la pantalla monocromática entre los dos cuadros de aguja.

Buena dualidad

“GT” (lo que suele significar Gran Turismo) parece un nombre muy adecuado para este 308 debido a cómo se comporta, pues así haya respetables cualidades en aceleración, agarre y frenado, es más bien el refinamiento su carta fuerte, ya sea por una suspensión con un toque rígido y de gran control, pero a su vez silenciosa y menos nerviosa que en cualquiera de sus citados rivales. Su buena comodidad también se da por el silencio a bordo y por su excelente capacidad de rodar por varios kilómetros reduciendo la fatiga al máximo. Estamos ante un gran hatch para viajar pero que también saca las garras cuando nos enfrentamos a caminos más intrincados: su nivel de adherencia rebasa el umbral de un control de estabilidad algo histérico que podría manifestarse más tarde y sin comprometer, a nuestro modo de ver, la seguridad del conjunto.

El subviraje aparece más tarde de lo que muchos esperarán y con sutileza, reacción que se puede anticipar a través de una dirección rápida y que comunica mejor en la modalidad Sport, que resta un poco de asistencia pero no cae en lo artificial. Lástima que dicho modo deportivo obligue a convivir con una amplificación del motor que a través de las bocinas manda una muy falsa tonada ronca cuya intención es imprimir un poco más de “deportividad”. Habríamos preferido un escape más abierto o solo quedarnos con los instrumentos que se tiñen de blanco a rojo.

Su agilidad y excelente estabilidad no se condiciona por el eje torsional atrás, que solo se delata en ciertos desplazamientos laterales de la carrocería (mas no de las llantas) al pisar en pleno apoyo algún tipo de desnivel o irregularidad.

Hasta ahí todo bien, hasta que llegamos a un motor cuyo desarrollo ya empieza a sufrir ante la competencia porque, sí, sus números teóricos se muestran competitivos y se suman a que el hatch galo es más ligero que sus contrincantes, pero su desempeño en la práctica carece de contundencia a medio régimen y no se mantiene por mucho tiempo así la transmisión luche por amainar el turbolag y por cambiar en un rango de revoluciones adecuado.

Y hablando de la transmisión, las ocho marchas ayudan mucho a una respuesta más pareja y sin sobresaltos, aunque no es ningún ejemplo de rapidez, si bien en modo manual, accesible en cualquier momento a través de unas paletas fijas tras el volante, permite suficiente control sin tener que cambiar de posición la palanca que, más que eso, es una suerte de joystick herencia de los SUV 3008 y 5008.

¿Qué significa todo lo anterior? Que la aceleración del 308 GT durante nuestras pruebas ni siquiera superó a la del Forte GT con caja de doble embrague en el que la potencia en es supuestamente menor y el peso mayor. El mejor registro de 0 a 100 km/h, aclarando que fue en el mismo lugar donde también se evaluó el Kia, marcó 8.4 segundos. Pero hasta ahí podría decirse que el Peugeot tiene una falencia, pues en sus frenadas aplomadas, mediante un pedal firme e inmediato y con poca fatiga, se reivindicó con unos referentes 38.6 metros de 100 a 0 cuando el Forte no pudo bajar de 40.

Al final, estamos ante un hatchback que cumple con lo que promete pero también rebasa las expectativas en apartados como el refinamiento y la calidad general. A tan buen chasís le hace falta, a nuestro modo de ver, un motor más enérgico y, ya entrando en detalles de equipamiento, si acaso solo le urge una llanta de refacción que, viendo el estado de nuestras calles, para nosotros podría reemplazar el buen sistema de sonido firmado por Denon para así contener el precio. Es el escalón intermedio entre el Forte GT y el Golf GTI por precio y por lo que nos entrega, lo que le da un sentido en su cerradísimo nicho.

Por Manuel Fernández Fotos: Fred Shabot

Ficha técnica:

Precio (a marzo de 2019): $489,900 pesos