A prueba: Audi R8 Spyder, al César lo que es del César

Hasta hace menos de una década Audi no hacía súper autos. Esa sección del negocio la ocupaba principalmente Lamborghini, subsidiaria del Grupo Volkswagen, con amplia experiencia cortesía de autos tan deportivos y capaces como extravagantes y dramáticos. En su historial aparece el primer auto con motor central de la historia, el Miura, o el radical Countach con trazos que parecen traídos del futuro aún en pleno año 2018.

Es curioso, comenzamos la prueba de uno de los autos más especiales que ha fabricado la marca de los cuatro aros hablando de Lamborghini, y la razón es sencilla, el Audi R8 es realmente el hermano sensato y responsable del Huracan, auto con el que comparte chasis, motores y hasta transmisiones.

Por supuesto que esto le viene como anillo al dedo a Audi, que cuenta con la experiencia de Lamborghini, pero añade cierta sensatez germana a la receta.

Volviendo al Audi R8, la primera generación se presentó como auto modelo 2008 con un motor V8, más adelante se agregó un V10 de 5.2 litros, que permanece en alma como la única motorización para esta segunda generación, pero que en corazón ha sido mejorado y optimizado completamente, compartiendo muy pocos componentes con la generación pasada.

El diseño del R8 es inmediatamente reconocible, las cuchillas en los costados permanecen, aunque el conjunto es más moderno, con líneas angulares en el frontal que fluyen a la parte trasera, en donde se terminan con total coherencia. El R8 es uno de esos autos en donde se percibe que el diseño se concibió integralmente, porque el frente le pertenece al trasero, y viceversa.

Es tan estéticamente placentero que manejarlo en una ciudad transitada es como hacer una buena obra para las personas que de forma inminente lo van a ver pasar, porque lo van a disfrutar, y el R8 jamás pasa inadvertido en donde quiera que esté, sobre todo si hablamos de la versión Spyder con techo de lona color cereza que probé.

El interior merece mención especial, porque es lo que esperas en el buque insignia de Audi, con pieles y plásticos de la mejor calidad. Me parece que, en este sentido, Audi lo tiene fantásticamente bien logrado. Solo Porsche y quizá Mercedes-Benz están al mismo nivel hablando de toda la industria.

No hay pantalla central, de hecho, exceptuando los mandos para el clima, casi no hay botones en la consola. La navegación, sistema de sonido e instrumentos se controlan y leen a través de los botones en el volante con el Virtual Cockpit, una pantalla de alta definición de 12.3 pulgadas en lugar de los relojes convencionales terminada magistralmente, muy amigable e intuitiva.

El chasis del R8 es 458 libras (casi como un guiño a uno de sus rivales) más ligero que la generación anterior gracias al uso extensivo de aluminio y fibra de carbono, que también da como resultado una rigidez torsional 50 por ciento superior.

Y bien, ¿qué dicen los números sobre la experiencia de manejo? Mucho y muy poco a la vez.

Cuando ves las especificaciones de un auto de estas características, con un V10 aspirado que ruge hasta pasadas las 8,500 vueltas y envía 540 caballos a las cuatro ruedas a través de una rapidísima transmisión de doble embrague, esperas que manejarlo sea una experiencia estupenda, pero te diré que estupenda no empieza ni a describir lo bueno que es. Magnífico, brillante o fenomenal; todos esos adjetivos le quedan a deber al R8, y mucho.

Los números oficiales indican que acelera de 0 a 100km/h en 3.6 segundos y gracias al launch control es muy fácil obtener números muy cercanos de aceleración, aún en la ciudad de Guadalajara con más de 1,500 metros de altitud. La velocidad tope está registrada en 318km/h.

El V10 montado longitudinalmente entre los dos ejes, por detrás del conductor es una auténtica obra maestra, y las sensaciones que transmite superan cualquier expectativa que pudieras tener habiendo leído las especificaciones. En ciudad, en trayectos citadinos y en vías de alta velocidad es silencioso y responsivo y aunque parezca irrelevante hablar de consumos en un súper auto, consigue entre 7 y 8 kilómetros por litro si somos gentiles con el acelerador.

En pista, con espacio por delante se convierte en un auténtico león sin jaula, sube de vueltas con una ferocidad que sorprende, pero no atemoriza, especialmente si consideras la docilidad que presume en ciudad. Los sonidos que emite son todavía mejores, y con el transcurrir de las vueltas al circuito, enterrar el pie en el acelerador para hacerlo llegar al límite de inyección se convierte en toda una experiencia por sí sola que, además, causa adicción.

La posibilidad de retirar el techo en tan solo 20 segundos potencía toda la experiencia, porque magnifica los sonidos de la obra maestra que trabaja a solo unos centímetros de mi espalda y te da tanto espacio para cabeza como kilómetros hay en la atmósfera. El R8 Coupé Plus con 610 caballos es todavía más capaz en circuito porque resulta más rígido y 200 kilogramos más ligero, pero como auto para disfrutar en ciudad, el Spyder está por delante porque la posibilidad de quitar el techo cuando el clima lo permita y escuchar al V10 sin obstáculos estructurales me hizo sentir en sintonía con la máquina que estaba manejando.

La suspensión es permisiva, es verdad que hablamos de un auto deportivo radical, pero hay que mencionar que nunca es verdaderamente incómoda, en ciudad absorbe las imperfecciones casi con descaro, pero en pista planta al auto al suelo y en modo Dynamic se endurece para plantar al auto al suelo, además de optimizar la respuesta del acelerador, posponer los cambios de marcha ascendentes, apurar las reducciones cuando aceleramos y darle un tacto deportivo a la dirección.

Hablando de sus cualidades dinámicas, el diferencial central puede enviar todo el par motor disponible a cualquiera de los dos ejes en situaciones extremas, y aún con todas las asistencias apagadas, el R8 es asombrosamente fácil de llevar a velocidades muy, muy altas porque me hizo sentir como un gran piloto, cuidándome la espalda.

La dirección es tremendamente rápida, no es necesario más que un ligero toque de manos para entrar a las horquillas más cerradas del circuito y luego un poco de contravolante para mantener todo bajo control cuando aceleré antes de tiempo. Transmite lo necesario al conductor, con el peso adecuado en el centro para brindar confianza a más de 230km/h en rectas, pero comunicando con precisión sobre la cantidad de agarre disponible.

Entonces, el R8 es un súper coche muy capaz, pero que, entendiendo sus limitantes obvias, puede ser usado en ciudad y los modos de manejo traen consigo un cambio tangible en el comportamiento del coche. En modo Comfort no es tanto más brusco que un Volkswagen Golf, pero los modos deportivos lo transforman en un vehículo muy diferente con solo presionar un botón.

El R8 marca también el fin de una era, porque su motor V10 atmosférico es una especie en extinción, amenazada por las regulaciones anticontaminantes y de consumos en todo el mundo frente a propulsores turbocargados más pequeños que sí son más eficientes, pero que sencillamente no transmiten lo mismo. Al César lo que es del César.

Por Fred Shabot

Audi R8 Spyder
Precio: 2,879,900 pesos
Motor: V10 5.2 litros, inyección directa; 540hp @7,800rpm y 398lb-pie @6,500rpm
Transmisión: Automática doble embrague; 7 velocidades
Consumo mixto: 7.1km/L
Aceleración 0-100km/h:
Velocidad máxima: 318km/h
Peso en vacío: 1,795kg
Tanque de combustible: 80 litros